El último vuelo del Aguilucho Mexicano

Publicado por Caminos del Aire en

Por Víctor Hugo Gutiérrez González
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Tras establecer un record de velocidad, el 24 de mayo de 1939, entre las ciudades de México y Nueva York, el “Aguilucho Mexicano” Francisco Sarabia, se preparaba para realizar la segunda parte de su vuelo de buena voluntad entre México y Estados Unidos, el vuelo de regreso se realizaría el 7 de junio, desde la ciudad de Washington.

La madrugada del miércoles 7 de junio, Sarabia se preparaba para realizar el vuelo de regreso de Washington a la Ciudad de México, sin embargo, el piloto decidió volar sin escalas a la ciudad de Lerdo, su querido terruño. Ya estando arriba de su avión, con el motor en marcha dijo a la prensa ahí presente: “Iré a Durango a ver a mi madre”.

Francisco Sarabia, a su llegada al campo aéreo de Bolling Field, a las afueras Washington. El Conquistador del Cielo levantó el vuelo en medio del festejo de los presentes, sin embargo, solo unos segundos más tarde la aeronave perdía potencia de su motor y comenzó a perder altura para finalmente golpear el agua y hundirse en el río Anacosta, un afluente del río Potomac, a las afueras de Washington. El avión no golpeó con fuerza el agua por lo que se supone que Sarabia mantuvo lo más posible el control de la aeronave tras la pérdida de potencia del motor, pero al toque con la superficie el avión capoteó y quedó de cabeza. Sarabia quedó atrapado dentro de la carlinga del avión, no pudo liberarse y murió ahogado.

Desde la orilla del río su familia vivía momentos de angustia. El coronel Manuel Zermeño y el funcionario Luis Quintanilla de la embajada mexicana se lanzaron al río para tratar de ayudar. Una lancha de la Marina estadounidense llegó al avión, del cual solo el timón salía del agua, y los marinos trataron de ayudar, pero no pudieron hacer ya nada. Sarabia se encontraba aprisionado con su cinturón de seguridad al asiento, sin vida.

La noticia corrió como regadero de pólvora. Ese mismo día la prensa estadunidense y la mexicana se unían con un encabezado a ocho columnas, todos parecían decir lo mismo: “La aviación mexicana de duelo: Trágica muerte del Gran Piloto Francisco Sarabia”.

El silencio invadió a la ciudad de Lerdo, a la Ciudad de México y a todo el país. La misma tarde del 7 de junio, en la plaza del Zócalo en la capital mexicana, se escuchó una diana militar de duelo. La bandera nacional en todo el país amaneció a media asta el día siguiente, el jueves 8 de junio.

La noticia impactó en ambos lados de la frontera. El gobierno estadounidense aportó todos los recursos para recuperar el cuerpo y el avión a la brevedad, así como investigar las causas del accidente.

Los restos mortales fueron enviados en un avión de la Fuerza Aérea de Estados Unidos directo a la ciudad de México, mientras que la familia de Sarabia lo hacía en un vuelo de Washington a Brownsville y de ahí a la ciudad de México vía Tampico, el día sábado 10 de junio de 1939 el bombardero Boeing XB-15 de la USAF, con el cuerpo de Sarabia, aterrizó en el Puerto Aéreo Central donde había una inmensa multitud que lo esperaba.

Francisco Sarabia fue el último de los grandes aviadores mexicanos que realizaron los vuelos de Gran Raid. Llevó el nombre de México más allá de sus fronteras, el valor y orgullo de su gente y junto con otros hombres, edificaron los puentes que unieron a nuestro país con el mundo.